A las 10,00h y con una afluencia de más de un centenar de feligreses que acudían a dar gracias por los 25 años de la existencia de Terral, el Vicario del Opus Dei para Catalunya D. Ignasi Pujol, acompañado por Mn. Massats, celebró la Sta. Misa en la Basílica de Ntra. Sra. de la Merced.
Allí estaban varias familias que llevaban sus hijas a Terral, voluntarias, antiguas directoras y colaboradoras de Terral, personas pertenecientes a Acció Social Montalegre, Braval y de la delegación de la Prelatura en Barcelona y representantes de la Hermandad de Ntra. Señora de la Mercè.
De la homilía predicada por el Vicario, acompañamos el texto de su predicación:
“Queridas familias, voluntarias, todas las que formáis parte de Terral, nos reunimos hoy para celebrar esta Eucaristía en la casa de nuestra Madre, la Virgen de la Mercè, patrona de Barcelona, y no es casualidad, porque celebrar aquí estos 25 años es reconocer que todo lo que ha sucedido tiene mucho que ver con la misericordia, con ese amor que se acerca, que levanta y que acompaña. La Palabra de Dios que hemos escuchado ilumina profundamente lo que hoy celebramos, pues San Pedro nos decía: “Revestíos de humildad… descargad en Dios todo vuestro agobio, porque Él cuida de vosotros”, y el Evangelio nos recordaba: “Ir por todo el mundo y proclamar la Buena Nueva”, dos claves que resumen estos 25 años: humildad y misión.
Hoy venimos, en primer lugar, a dar gracias a Dios por estos 25 años, gracias por quienes empezaron esta iniciativa en torno a la iglesia de Montalegre, en el corazón del Raval, (con motivo también del centenario de San Josemaría). Gracias por tantas voluntarias que han dado su tiempo, su cariño y su vida, gracias por las niñas, las jóvenes y las mujeres, verdaderas protagonistas de esta historia, y gracias por tanto bien que quizá no se ve pero que ha transformado vidas.
El nombre de Terral es inspirador, el terral es ese viento que sopla desde la tierra hacia el mar, a veces cálido, a veces fresco, pero siempre constante, y de alguna manera describe muy bien lo que sois: un viento discreto pero real que sopla en medio del barrio del Raval, que no hace ruido pero cambia el ambiente, un viento que lleva aliento, esperanza y cercanía, y después de 25 años uno podría preguntarse cuántas vidas han sido tocadas por ese viento, seguramente muchas más de las que imaginamos.
San Pedro nos hablaba de la humildad, y eso es clave en un proyecto como este, porque acompañar a personas —niñas, adolescentes y familias— exige saber escuchar, respetar procesos y caminar al ritmo del otro; la humildad es entender que no somos protagonistas, que cada persona tiene su historia, sus raíces y su dignidad, y también reconocer que es Dios quien actúa, “descargad en Él vuestro agobio, porque Él cuida de vosotros”, cuántas veces esta obra se habrá sostenido así. Y el Evangelio es muy claro: “Ir por todo el mundo”, y eso es exactamente lo que hacéis, salir al encuentro en el Raval, un barrio rico en culturas e historias, pero también con muchas fragilidades; acompañáis en lo concreto con apoyo escolar, tutorías, tiempo compartido, actividades, formación de madres, enseñanza de idiomas o catequesis para quien lo desea, pero sobre todo acompañáis personas, y eso es profundamente evangélico.
Jesús habla en el Evangelio de “señales”: curar, sanar y liberar, y esas señales siguen ocurriendo hoy aquí cuando una niña gana confianza en sí misma, cuando una adolescente descubre su valor, cuando una madre se siente acompañada, cuando alguien aprende un idioma y abre puertas a su desarrollo profesional o cuando nace una amistad verdadera entre culturas distintas; eso también es milagro, eso también es el Reino de Dios en medio de nosotros. Y hay algo muy bonito en lo que vivís: el voluntariado como un dar, pero también como un recibir, porque quien acompaña descubre que también es enriquecido, que aprende, que crece y que cambia, ya que la riqueza cultural, las historias de vida y la fortaleza de tantas familias transforman también el corazón de quien sirve, y eso es muy evangélico: nadie sale igual después de amar de verdad.
Todo esto lo ponemos hoy en manos de la Virgen, la Virgen de la Merced, Madre de la Misericordia, la que libera, la que cuida y la que no abandona, a ella le pedimos que proteja a todas las niñas, jóvenes y mujeres de Terral, que cuide a las familias, que sostenga a las voluntarias y que siga haciendo fecunda esta obra durante muchos años.
Y terminamos dando gracias y mirando al futuro, porque 25 años son un regalo, pero también una llamada a seguir: el bien que se ha hecho es grande, pero el bien que queda por hacer es aún mayor, especialmente en el contexto del centenario del Opus Dei, momento de mucha gracia también para el desarrollo de estas iniciativas sociales a las que tanto nos invita el Santo Padre y el Prelado del Opus Dei. Pidamos a nuestra Madre humildad para seguir sirviendo, fidelidad en lo pequeño de cada día y audacia para seguir siendo ese viento que transforma, para que dentro de unos años podamos volver aquí, a esta casa de la Madre, y seguir diciendo con el salmo: “Cantaré eternamente tus misericordias, Señor”.
Las lecturas de la misa y la oración de los fieles, fueron leídas por voluntarias y alumnas de Terral, mayores y pequeñas.
La Basílica hizo un obsequio a los participantes en la misa de un libro del “Evangelio día a día” que recibimos con agradecimiento.
Al final de la celebración, el Vicario nos animó a continuar con esta labor tan importante y a vernos, los que estén, dentro de veinticinco años. Para finalizar, cantamos el Virolai en acción de gracias.
Al acabar la ceremonia, nos hicimos una foto conjunta con el Vicario y varios de los participantes.
A continuación, pudimos compartir la alegría del evento con los asistentes, muchos de los cuales hacía tiempo que no se veían, recordando los comienzos, algunas peripecias para sacar adelante el Proyecto y la ilusión por la cantidad de frutos que ya se perciben en estos primeros veinticinco años.
Texto: Sr. Fernando de Salas / Presidente de Terral