Testimoni d’unes voluntàries “Casal d’Estiu 2018”

Terral: un voluntariado desconocido, en Barcelona, una de las ciudades más ricas de España…¿Quién necesitaría nuestra ayuda? Sorprendentemente, se necesitaba y mucho. El Barrio del Raval es uno de los más desfavorecidos de Barcelona con altos índices de prostitución y drogadicción y en el que vive una mayoría de origen filipino.

El primer día andábamos todas un tanto nerviosas, nos habían explicado lo que teníamos que hacer, pero la responsabilidad era grande. Si hubiera que explicar en qué consiste este  voluntariado de manera objetiva, diríamos que es organizar actividades culturales y lúdicas a lo largo de la semana con un grupo de niñas que oscilan entre los 4 y 16 años. Sin embargo, era muchísimo más que eso. Teníamos una gran misión en nuestras manos: ampliar los horizontes de aquellas niñas, ayudarles a tener metas por las que luchar, crear nuevas inquietudes… Los primeros días resultaba difícil hacerles entender que tú no eras de Barcelona, que había más ciudades e incluso más países fuera del barrio del Raval… y que podían llegar a ser todo lo que quisiesen, si, lo que quisiesen, porque quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo.

Nos advirtieron de lo cansadas que íbamos a estar cuando acabase la semana,pero… ¡Qué cansancio más gratificante! Hicimos todo tipo de actividades con las niñas; visitar el museo de chocolate, ir a la piscina, al parque de atracciones…Cuando ya no podías más, cuando estabas agotada física y mentalmente y mirabas a los ojos de aquellos niños y esas caras que irradiaban tanta felicidad, sentías la necesidad de dar gracias, y muchas gracias, por tener la oportunidad de estar contribuyendo a la ilusión de aquellos niños. No es nada nuevo decir, que hay más alegría en dar que en recibir y que tras una semana en las que los días se hacían largos pero la semana se pasó volando, crecimos mucho personal y espiritualmente.

Fue una semana muy intensa, en la que además de ir al voluntariado por las mañanas (9:00-17:30), nos enriquecimos culturalmente visitando los rincones de Barcelona, convivimos mucho entre las monitoras y llegamos a conocernos mejor, creando nuevas amistades.

El voluntariado del terral tiene algo especial que lo distingue del resto. Las niñas no se mueren de hambre, tienen ropa, van al colegio…sin embargo les falta lo más importante. Como dijo la madre Teresa de Calcuta, hay muchos en el mundo que mueren por un trozo de pan, pero hay muchos más que mueren por un poco de amor. La pobreza de Occidente es un tipo distinto de pobreza, no es sólo una pobreza de soledad, sino también de espiritualidad. Hay un hambre de amor así como hay hambre de Dios.

Terral nos hizo reflexionar, y asumir la responsabilidad que tenemos de servir a los demás, porque: quien no vive para servir, no sirve para vivir.

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