Casal d’Estiu 2017 – 1ª Semana

Nos escriben unas voluntarias desde Bilbao y Pamplona que han participado durante la 1ª semana del Casal d’Estiu 2017

Reflexión de mi voluntariado en Barcelona

Nunca pensé que la semana del 25 de junio, supondría un tiempo de cambio en la perspectiva que tenía acerca del voluntariado que iba a realizar. Mientras me dirigía a Barcelona, el lugar donde este se iba a llevar a cabo, me hacía una serie de preguntas: ¿Cómo serán los niños de Terral?; ¿Les caeré bien?; ¿Y las otras voluntarias? Estas dudas iban a ser resueltas en muy poco tiempo.

Estaba claro, que durante esa semana me relacionaría con gente de diversas partes de España e incluso de otros países del mundo, que como he podido comprobar iba a ser el comienzo de algo maravilloso. Al llegar a la residencia, donde nos íbamos a alojar durante el transcurso de la semana, cada una de las demás voluntarias que estaban allí me recibió con los brazos abiertos. En ese momento, no me dí cuenta de que eso no hacía más que empezar y que me iba a topar con una sorpresa detrás de otra.

Al conocer a los niños de Terral, ocurrió exactamente lo mismo. Había tenido experiencias previas de tratar con niños, pero he de reconocer que siempre me sorprende cómo dentro de un cuerpo tan pequeño puede residir tanta bondad y cariño. Algo que me resulta admirable es la capacidad que tienen estos niños, de dejar a un lado todo por lo que ellos puedan estar pasando y entregarse a tí con tanto corazón.

Sin duda, esta experiencia ha sido fantástica y me ha hecho crecer como persona, ayudándome a madurar y a darme cuenta, una vez más, de que tenemos que dar gracias por todo lo que nos rodea ya que somos unos verdaderos privilegiados.

Gracias TERRAL!!!! y a todas las personas que haceis posible esta labor tan estupenda que transforma a los niños y a las voluntarias, gracias a todos por darnos la oportunidad de colaborar en vuestro proyecto, nos llevamos mucho dentro.


Cuando tienes los brazos abiertos, es muy fácil recibir; y más de los niños del Terral. Esta es la sensación que se me queda tras una semana como voluntaria en el Casal d’estiu organizado en el Terral, en el grupo de los más pequeños, de 4 a 6 años.

Llegué con una ilusión enorme de darme, dedicar un tiempo de mi largo verano para los demás y ayudar en todo lo que fuese necesario. Esa primera motivación hizo que fuese capaz de estar atenta a cualquier situación en la que pudiese ayudar. Pero nada es comparable con lo que llegué a aprender y recibir. Para los más pequeños, te convertías en un referente, por eso era importante ponerse en su lugar e integrarte en las actividades que hacíamos, así te hacías mucho más cercana para ellos.

Una cosa que me sorprendió fue la mezcla de culturas distintas actuando juntas en un mismo proyecto, era admirable; se respiraba mucho respeto y eso permitía a cada niño actuar con naturalidad y libertad. De todas las actividades podría sacar muchos momentos especiales, desde la concentración y esfuerzo en el rato de tareas, hasta la curiosidad y emoción en la visita a los mossos d’esquadra. Pero sin lugar a dudas me quedo con la sonrisa de oreja a oreja que tenían todos los niños el día de la piscina, chapoteando, corriendo, saltando, buceando, jugando con los demás, tirándose al agua; disfrutando al máximo y sin parar ni un segundo, con una emoción contagiosa. Una experiencia que espero que se repita cada día porque merece la pena abrir los brazos.

Muchas gracias a todas las voluntarias que habéis estado esta 1ª semana de “Casal”

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